La inflación se mantiene en el 3,2% en mayo y enfría el optimismo económico
El avance del INE confirma que los precios no repuntan, aunque la subyacente vuelve a subir y mantiene la presión sobre las familias
La inflación no dio un nuevo susto en mayo, pero tampoco ofreció una buena noticia clara. Según el indicador adelantado publicado este viernes por el Instituto Nacional de Estadística, el IPC se mantuvo en el 3,2% interanual, la misma tasa registrada en abril. El dato evita hablar de un empeoramiento, aunque deja una sensación parecida a la de los últimos meses: los precios ya no suben con la fuerza de los peores momentos, pero siguen demasiado altos para muchas familias.
La lectura del dato depende bastante de dónde se mire. Para el Gobierno, que la inflación no haya vuelto a escalar supone un argumento a favor de la resistencia de la economía española. Para los hogares, en cambio, el análisis suele ser más simple. La compra sigue siendo cara, llenar el depósito cuesta más que hace unos años y organizar unas vacaciones obliga a mirar bastante más el presupuesto. La estabilidad del IPC, por tanto, no significa que el coste de la vida haya dejado de pesar.
El punto menos cómodo está en la inflación subyacente. Este indicador, que elimina del cálculo los alimentos no elaborados y los productos energéticos, subió una décima en mayo y alcanzó el 2,9%. No es una subida brusca, pero sí una señal de que la presión de los precios se mantiene repartida por varios sectores. Cuando la inflación de fondo se resiste a bajar, el problema deja de depender solo de la gasolina, la luz o los alimentos frescos.
El INE señala que el transporte y las actividades recreativas, deportivas y culturales tiraron de los precios al alza. En el lado contrario quedaron el vestido, el calzado y algunos alimentos, que ayudaron a contener el índice general. Es decir, no hubo un único elemento que explicara el comportamiento del mes, sino una mezcla de subidas y moderaciones que terminó dejando la inflación en el mismo punto que en abril.
El dato llega, además, con la economía española todavía creciendo. El PIB avanzó un 0,6% en el primer trimestre y mantiene a España en una posición mejor que la de buena parte de Europa. Aun así, el crecimiento empieza a convivir con una sensación de mayor cautela. Las familias siguen consumiendo, pero lo hacen midiendo más cada gasto. Y las empresas, especialmente las que dependen de la energía, los suministros o el transporte, continúan pendientes de cualquier movimiento en los costes.
Tampoco ayuda demasiado la fotografía del empleo del inicio del año. La última Encuesta de Población Activa reflejó una caída de la ocupación y un aumento del paro durante el primer trimestre. Es cierto que esos meses suelen ser flojos para el mercado laboral, una vez terminada la campaña navideña y antes del impulso fuerte del verano. Pero el dato dejó una advertencia: el crecimiento económico no está libre de sombras.
La campaña turística será ahora una de las grandes pruebas. Mayo termina con la vista puesta en junio, julio y agosto, meses clave para la hostelería, el comercio, los servicios y el transporte. Si el verano responde bien, el empleo puede recuperar parte del terreno perdido y reforzar el consumo. Si no lo hace, la economía española entrará en la segunda mitad del año con más dudas de las previstas.
Funcas ya rebajó este mes su previsión de crecimiento para 2026 hasta el 2,2% y elevó la estimación media de inflación al 3,1%. La revisión no cambia por completo el escenario, pero sí rebaja algo el entusiasmo. España sigue creciendo, aunque con menos margen. Y la inflación, sin estar descontrolada, continúa siendo lo bastante alta como para condicionar las decisiones de familias y empresas.
Mayo cierra, por tanto, sin sobresaltos, pero también sin alivio real. La economía aguanta, el IPC no empeora y el verano puede volver a dar oxígeno al empleo. Sin embargo, el día a día de muchos hogares sigue marcado por una idea bastante sencilla: los precios se han moderado, sí, pero la vida sigue siendo cara.